La tonina overa, un atractivo turístico de Chubut y una especie clave en el ecosistema marino

Foto: CONICET

Las costas de Chubut son reconocidas en todo el mundo por la riqueza de su fauna marina. Ballenas, lobos marinos, pingüinos y orcas atraen cada año a miles de visitantes. Sin embargo, existe otra especie que, por su carisma y cercanía con la costa, se ha convertido en una de las protagonistas del turismo de naturaleza en la provincia: la tonina overa.

Este pequeño cetáceo forma parte de las siete especies marinas declaradas Monumento Natural Provincial, una figura legal que reconoce su enorme valor ecológico y fortalece las acciones destinadas a su conservación en el Mar Argentino.

Con apenas 1,5 metros de longitud y alrededor de 50 kilogramos de peso, la tonina overa llama la atención por su distintiva coloración blanca y negra. Sus movimientos ágiles y su frecuente presencia cerca de la costa permiten que turistas y residentes puedan observarla en distintos puntos del litoral chubutense, convirtiéndola en una de las especies más buscadas por quienes disfrutan de experiencias vinculadas a la naturaleza.

Más allá de su atractivo turístico, la tonina cumple una función fundamental en el ecosistema marino. Como depredador tope, ayuda a regular las poblaciones de peces y otros organismos, contribuyendo al equilibrio de los ambientes costeros. Su alimentación incluye anchoítas, merluzas, sardinas fueguinas, pejerreyes y calamares, entre otras especies.

Una de las características más sorprendentes de este cetáceo es su capacidad de ecolocalización. A través de la emisión de ondas sonoras, puede orientarse, comunicarse y detectar presas incluso en aguas turbias o durante la noche. Esta habilidad la convierte en una cazadora altamente eficiente y demuestra el sofisticado nivel de adaptación que desarrolló para sobrevivir en el ambiente marino.

La conservación de la tonina overa también representa una oportunidad para las comunidades costeras. El turismo de observación responsable genera empleo, promueve el desarrollo local y fomenta una relación más consciente entre las personas y el mar. Cada salida embarcada, excursión guiada o experiencia educativa vinculada a la fauna marina permite valorar el patrimonio natural de la provincia y comprender la importancia de protegerlo.

La historia de la tonina no siempre estuvo ligada a la conservación. Durante gran parte del siglo XX fue cazada por su carne y su aceite. Más tarde, también fue utilizada como carnada para la pesca de centolla, una práctica que recién fue prohibida a fines de la década de 1980.

Actualmente enfrenta nuevas amenazas. La principal es la captura incidental en redes de pesca artesanal, que puede provocar la muerte de ejemplares de manera accidental. Además, el creciente tráfico marítimo genera contaminación acústica que interfiere en su sistema de comunicación y ecolocalización. Este fenómeno, conocido como «enmascaramiento acústico», dificulta tanto la búsqueda de alimento como las interacciones sociales entre individuos.

La declaración como Monumento Natural Provincial busca precisamente garantizar su protección y asegurar que futuras generaciones puedan seguir disfrutando de la presencia de esta especie emblemática. En una provincia donde el turismo de naturaleza se ha convertido en una de las principales actividades económicas, la tonina overa representa mucho más que un atractivo para los visitantes: es un símbolo de la biodiversidad marina patagónica y un recordatorio de la importancia de convivir de manera responsable con el entorno natural.

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