Jaguar Rivers: Kris Tompkins presentó en Buenos Aires la iniciativa que busca reconectar la naturaleza en la cuenca del Paraná

El proyecto reúne a organizaciones de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay para restaurar ecosistemas, recuperar corredores de fauna y fortalecer economías vinculadas con la naturaleza. El yaguareté es la especie emblemática de una estrategia que propone pensar la conservación más allá de las fronteras.

Hay proyectos de conservación que buscan proteger un área determinada. Y hay otros que intentan cambiar la manera de mirar un territorio completo. Jaguar Rivers Initiative (Ríos del Yaguareté) pertenece a este segundo grupo.

La iniciativa propone restaurar, proteger y reconectar ecosistemas de la cuenca del río Paraná, un territorio compartido por Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay y de enorme importancia para la biodiversidad sudamericana. El proyecto reúne a cuatro organizaciones con experiencia en conservación: Rewilding Argentina, Onçafari de Brasil, NATIVA de Bolivia y Fundación Moisés Bertoni de Paraguay.

La propuesta fue presentada anoche en el Museo Malba de Buenos Aires con la participación de Kris Tompkins, presidenta y cofundadora de Tompkins Conservation, una de las principales referentes internacionales de la conservación y el rewilding. La iniciativa ya había sido presentada internacionalmente durante la Semana del Clima de Nueva York y posteriormente tuvo nuevas instancias de lanzamiento y difusión en la región.

Sofía Heinonen, directora de Rewilding Argentina

¿Qué es Jaguar Rivers?

Jaguar Rivers es una alianza de conservación que busca crear, a largo plazo, una red de ecosistemas conectados a escala continental.

Su área de trabajo se concentra en la cuenca del río Paraná, que abarca cerca de 2,5 millones de kilómetros cuadrados y atraviesa cuatro países. La idea central es aprovechar los ríos, bosques ribereños y otros ambientes naturales como corredores que permitan recuperar la conectividad perdida entre áreas de naturaleza.

El proyecto parte de una premisa sencilla: la naturaleza no reconoce las fronteras políticas.

Un jaguar, por ejemplo, necesita desplazarse entre distintos ambientes para encontrar alimento, reproducirse y mantener poblaciones saludables. Cuando esos ambientes quedan aislados por rutas, actividades productivas o pérdida de bosques, la conectividad ecológica se reduce.

Por eso, Jaguar Rivers busca trabajar sobre un territorio continuo, en lugar de conservar cada espacio natural como una isla.

El yaguareté como símbolo de un territorio conectado

El protagonista de la iniciativa es el yaguareté, una especie emblemática de Sudamérica y también un indicador de la salud de los ecosistemas.

La lógica del proyecto es que recuperar al gran felino implica recuperar también las condiciones ambientales que necesita: bosques, ríos, presas, refugios y corredores naturales.

La iniciativa plantea una visión de 20 años para construir una cuenca del Paraná con áreas naturales restauradas y conectadas, poblaciones de fauna capaces de sostenerse y comunidades que puedan beneficiarse de economías vinculadas con la naturaleza.

“Si el yaguareté regresa, todo lo demás puede seguir” es una de las ideas que resume la visión de Jaguar Rivers.

Cuatro organizaciones, cuatro experiencias de conservación

Una de las características de Jaguar Rivers es que no parte desde cero. El proyecto busca llevar a una escala mayor experiencias que ya fueron desarrolladas en distintos territorios de Sudamérica.

Rewilding Argentina

En Argentina, Rewilding Argentina aporta décadas de experiencia en restauración de ecosistemas y recuperación de especies.

La organización señala que desde 2010 donó más de 460.000 hectáreas para crear y ampliar parques y que sus proyectos de conservación contribuyeron a proteger más de 1,6 millones de hectáreas. También participó en proyectos de reintroducción de especies como el yaguareté, la nutria gigante de río y el guacamayo rojo.

El trabajo desarrollado en Iberá e Impenetrable, además de otros territorios, es uno de los modelos que Jaguar Rivers busca ampliar hacia la cuenca del Paraná.

Onçafari en Brasil

Desde Brasil participa Onçafari, organización que trabaja especialmente en el Pantanal y que desarrolló experiencias de conservación del yaguareté vinculadas también con el ecoturismo y la observación de fauna.

La iniciativa incorpora esa experiencia para demostrar cómo la fauna silvestre puede convertirse en un recurso para las comunidades cuando existen condiciones para su conservación y para el desarrollo del turismo de naturaleza.

Directores de Onçafari, Nativa y Moisés Bertoni

NATIVA en Bolivia

NATIVA aporta su experiencia en conservación y en el fortalecimiento de la gobernanza indígena de territorios de alto valor natural.

Según Jaguar Rivers, la organización trabaja para combinar conservación de ecosistemas, gestión territorial y desarrollo de comunidades.

Fundación Moisés Bertoni en Paraguay

En Paraguay, la Fundación Moisés Bertoni suma décadas de trabajo en conservación, desarrollo sostenible y protección de recursos hídricos.

Entre sus espacios de referencia se encuentra la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú, uno de los grandes remanentes de Bosque Atlántico de la región.

Ríos que funcionan como corredores naturales

El elemento que conecta toda la propuesta está en el propio nombre del proyecto. Los ríos y sus bosques ribereños pueden funcionar como corredores naturales para conectar ambientes que hoy se encuentran fragmentados.

Pero Jaguar Rivers no plantea solamente conservar las márgenes de los ríos. La estrategia contempla distintas categorías territoriales que se complementan entre sí: grandes áreas naturales protegidas, zonas de amortiguamiento y los llamados stepping stones, pequeños espacios que permiten conectar ambientes aislados.

Las planicies de inundación también tienen un papel central porque permiten mantener procesos ecológicos y conexiones entre distintos ambientes.

Una propuesta que también mira al turismo de naturaleza

Para quienes recorren Sudamérica en busca de turismo de naturaleza y observación de fauna, Jaguar Rivers plantea una dimensión especialmente interesante.

El objetivo no es solamente recuperar especies o proteger superficies de bosque. La iniciativa también propone desarrollar economías basadas en la naturaleza, incluyendo actividades vinculadas con el turismo de observación de fauna y emprendimientos locales.

En Argentina, por ejemplo, Rewilding señala que sus proyectos de conservación contribuyeron al desarrollo de cuatro destinos de turismo de naturaleza y observación de fauna.

Esto plantea una relación directa entre conservación y viaje: un territorio protegido puede convertirse también en un destino capaz de generar oportunidades para las comunidades que viven allí.

Una mirada que busca superar las fronteras

Uno de los mayores desafíos del proyecto es precisamente su escala.

La cuenca del Paraná atraviesa diferentes países, jurisdicciones y realidades sociales. Por eso, Jaguar Rivers propone una estrategia de cooperación internacional que permita conectar iniciativas existentes y sumar nuevos actores.

La visión para las próximas dos décadas contempla una red de áreas naturales restauradas y conectadas en Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, con corredores para la fauna, ríos protegidos y comunidades vinculadas con economías regenerativas.

En ese mapa, el yaguareté funciona como una especie bandera: su regreso sería también una señal de que bosques, ríos y otras especies están recuperando sus condiciones para vivir y desplazarse.

Una iniciativa de conservación a escala continental

Jaguar Rivers fue presentada como una iniciativa de largo plazo. Las cuatro organizaciones fundadoras buscan sumar nuevos socios nacionales y ampliar progresivamente los proyectos de restauración y conservación en la cuenca.

La propuesta plantea, en definitiva, cambiar una pregunta: en lugar de pensar solamente qué áreas naturales podemos conservar, preguntarse también cómo podemos volver a conectarlas.

Y allí aparece el valor de los ríos. Más que límites entre territorios, pueden convertirse en los hilos que vuelvan a unir una enorme red de bosques, humedales, fauna y comunidades.

Para Sudamérica, esa mirada abre también una nueva posibilidad para el turismo de naturaleza: viajar por territorios donde la conservación no sea solamente el escenario de la experiencia, sino parte de la historia que el visitante puede conocer y comprender.

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