Conectar con el cosmos: un hotel de Extremadura con una propuesta única

Foto sacada desde el telescopio

Para cerrar mi viaje por Extremadura (miralo completo aquí) visité un lugar que, sinceramente, era completamente desconocido para mí. Y te cuento que fue una de esas experiencias que terminan sorprendiendo porque no se trata simplemente de dormir en un hotel o hacer una actividad puntual, sino de vivir una estadía conectada con el entorno y con el cielo.

Se trata de Entre Encinas y Estrellas, un complejo ubicado en plena dehesa extremeña que se convirtió en el primer complejo astronómico de Observatorios Hosting de Europa. Además, se encuentra dentro de una Reserva Starlight, una certificación que distingue a aquellos lugares que reúnen condiciones excepcionales para la observación astronómica.

La historia del proyecto es realmente interesante. Originalmente nació como un espacio de hosting para telescopios. Es decir, astrónomos y aficionados pueden instalar aquí sus equipos y controlarlos de manera remota desde cualquier parte del mundo, aprovechando la calidad de los cielos de Extremadura. Actualmente hay 120 telescopios de 18 países diferentes.

Pero sus creadores entendieron rápidamente que el lugar podía ir mucho más allá. Así fue como decidieron construir un hotel para ofrecer comodidad no solamente a quienes tienen allí sus telescopios, sino también a viajeros interesados en el espacio y en una forma diferente de disfrutar sus vacaciones.

Te recomiendo tenerlo en cuenta si te atrae el llamado turismo del conocimiento o el turismo inteligente. Porque aquí el protagonista es el cielo, pero también la tranquilidad. Rodeado de encinas y naturaleza, el complejo invita a desconectarse del ritmo cotidiano y conectarse con algo mucho más grande: el universo.

Y cuando cae la noche llega uno de los momentos más esperados. El equipo del lugar organiza actividades de observación astronómica guiadas, ideales tanto para expertos como para quienes simplemente tienen curiosidad por descubrir lo que sucede sobre nuestras cabezas.

En mi caso, tuvimos algo de incertidumbre porque las nubes amenazaban con arruinar la experiencia. Sin embargo, con el correr de la noche el cielo comenzó a despejarse y pudimos observar con mucha claridad. Fue una experiencia fascinante, de esas que invitan a levantar la vista y recordar que, muchas veces, los mayores espectáculos de la naturaleza están ahí arriba.

Extremadura es una región llena de sorpresas. Durante mi recorrido descubrí pueblos medievales, paisajes increíbles, parques naturales y una gastronomía excepcional. Pero te confieso que terminar el viaje mirando las estrellas fue la mejor manera de cerrar esta aventura.

Porque a veces viajar también significa eso: descubrir lugares que ni siquiera sabías que existían y volver a maravillarte con el universo.

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