
Hay historias que merecen ser contadas desde el lugar donde suceden. Y la semana que viene voy a tener la oportunidad de mostrarte una de ellas.
Gracias a la invitación de Fundación Temaikèn, voy a acompañar el proceso de reinserción de dos ejemplares de aguará guazú que fueron rescatados siendo apenas unos cachorros y que hoy comienzan el largo camino para regresar a la naturaleza. Será una cobertura especial que vas a poder seguir a través de juaninoticias.com.ar y de nuestras redes sociales, con imágenes, entrevistas y el detrás de escena de un trabajo de conservación que emociona.
Los protagonistas de esta historia se llaman Kuarahy y Jasy, que en guaraní significan Sol y Luna. Ambos fueron encontrados huérfanos en la provincia de Corrientes cuando tenían apenas 45 días de vida. Desde hace algunas semanas se encuentran en el Centro de Recuperación de Especies de Fundación Temaikèn, donde un equipo de veterinarios, biólogos y cuidadores trabaja para que puedan volver algún día a su ambiente natural.
Lo más llamativo de este proceso es que los cachorros crecen prácticamente sin contacto con las personas. El objetivo es que no se acostumbren a la presencia humana y puedan desarrollar los comportamientos propios de su especie. Para controlar su evolución se utilizan cámaras trampa y sistemas de monitoreo remoto, permitiendo hacer un seguimiento constante con la menor intervención posible.
Un símbolo de los pastizales argentinos
El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), cuyo nombre significa «zorro grande» en guaraní, es el cánido más grande de Sudamérica. También conocido como lobo de crin por el largo pelaje oscuro que recorre su cuello y espalda, es una especie completamente inofensiva para las personas y de hábitos solitarios.
Habita los pastizales, esteros, bañados y ambientes abiertos del norte y centro de Argentina, además de regiones de Brasil, Paraguay, Bolivia y Perú. Su presencia es un verdadero indicador de la buena salud de los ecosistemas.
A diferencia de lo que muchos imaginan, el aguará guazú tiene una dieta omnívora. Se alimenta de pequeños mamíferos, aves, insectos y una gran variedad de frutos. Gracias a esa alimentación cumple un rol fundamental: dispersa semillas a grandes distancias, favoreciendo la regeneración de los ambientes naturales, y además ayuda a controlar poblaciones de roedores e insectos.
Una especie que necesita protección
Aunque a nivel internacional está considerada como una especie «Casi Amenazada», en Argentina la situación es mucho más delicada: el aguará guazú está catalogado como «En Peligro de Extinción».
Las principales amenazas que enfrenta son la pérdida de su hábitat por el avance de la frontera agropecuaria, los atropellamientos en rutas, el contagio de enfermedades transmitidas por perros domésticos —como el moquillo y la parvovirosis— y la caza ilegal o la captura para mascotismo.
Cada ejemplar que logra regresar a la naturaleza representa un enorme paso para la conservación de la especie.
Una cobertura para vivir desde adentro
La próxima semana voy a estar acompañando este proceso junto al equipo de Fundación Temaikèn para mostrarte cómo se prepara la reinserción de Kuarahy y Jasy, cuáles son las etapas que deben atravesar antes de recuperar su libertad y por qué este tipo de proyectos resulta tan importante para conservar la biodiversidad argentina.
Te invito a seguir esta cobertura especial en juaninoticias.com.ar y en nuestras redes sociales. Porque conocer estas historias también es una forma de cuidar la naturaleza y entender que cada especie cumple un papel indispensable para mantener el equilibrio de nuestros ecosistemas.


