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Trekking en Parque Patagonia: más de 80 kilómetros de senderos para descubrir la estepa de Santa Cruz

En el noroeste de Santa Cruz, sobre la Ruta Nacional 40, Parque Patagonia ofrece una experiencia de trekking diferente: senderos entre cañadones, mesetas y estepa, con la posibilidad de observar fauna silvestre y caminar por uno de los paisajes más singulares de la Patagonia argentina. Si te gusta el trekking y estás buscando nuevos lugares para caminar en la Patagonia, hay un destino que merece estar en tu mapa: Parque Patagonia. En el noroeste de Santa Cruz, sobre la emblemática Ruta Nacional 40, este territorio de más de 200.000 hectáreas propone una red de más de 80 kilómetros de senderos que atraviesan cañadones, mesetas, mallines y paisajes característicos de la estepa patagónica. Pero hay algo que hace especialmente interesante a este lugar: mientras caminás, no solamente descubrís el paisaje. También podés encontrarte con guanacos, choiques, cóndores y otras especies que habitan este territorio. Es una experiencia de trekking en la que el paisaje, la fauna y la conservación forman parte del mismo recorrido. ¿Por qué hacer trekking en Parque Patagonia? A diferencia de otros destinos de montaña de la Patagonia, donde el trekking suele estar asociado principalmente a grandes cumbres y bosques, en Parque Patagonia la experiencia transcurre en un ambiente mucho más abierto y árido. Los senderos atraviesan cañadones, mesetas, formaciones rocosas y extensiones de estepa, con diferentes alternativas para recorrer el territorio. La sensación es la de caminar dentro de un paisaje enorme, donde las distancias, el viento y la ausencia de grandes centros urbanos forman parte de la experiencia. Y hay un atractivo adicional: la fauna silvestre puede aparecer durante la caminata. Más de 80 kilómetros de senderos Parque Patagonia cuenta con más de 80 kilómetros de senderos distribuidos entre sus diferentes sectores. Hay recorridos de distintas características, por lo que no todo el trekking implica necesariamente una caminata exigente de varias horas. Entre los senderos aparecen alternativas en sectores como Cañadón Pinturas, La Ascensión y El Sauco, cada uno con paisajes y características diferentes. En Cañadón Pinturas, por ejemplo, los senderos permiten internarse en uno de los grandes escenarios naturales del área, con formaciones rocosas y vistas de la estepa. En La Ascensión, los recorridos permiten acercarse al lago Buenos Aires y atravesar ambientes de mallines, matorrales y sectores de meseta. La diversidad de senderos permite pensar Parque Patagonia no solamente como un lugar para hacer una caminata puntual, sino como un destino al que se puede volver para conocer diferentes recorridos. Trekking y fauna: caminar con los ojos abiertos Uno de los grandes atractivos de hacer trekking en Parque Patagonia es que el recorrido no termina en el sendero. Mientras caminás, es posible observar parte de la fauna que habita la estepa. Guanacos, choiques, cóndores, zorros y chinchillones anaranjados son algunas de las especies que pueden encontrarse en el área. También es un territorio fundamental para la conservación del macá tobiano, una especie endémica de Santa Cruz y considerada en peligro crítico de extinción. Por eso, el trekking también puede convertirse en una experiencia de observación de fauna. La recomendación es hacerlo siempre de manera responsable: mantener distancia de los animales, no alimentarlos y evitar cualquier comportamiento que pueda alterar sus hábitos. Caminar entre cañadones y mesetas Uno de los aspectos que diferencia a Parque Patagonia es la variedad de paisajes que aparecen durante las caminatas. La estepa no es un escenario uniforme. A medida que avanzás por los senderos aparecen paredones rocosos, cañadones, mesetas, mallines, cursos de agua y grandes extensiones abiertas. El paisaje cambia con la luz y con el clima, y el viento patagónico también se convierte en parte de la experiencia. Para quienes disfrutan del trekking, esto significa que la caminata no está determinada únicamente por el esfuerzo físico: también existe una fuerte relación con el entorno. Acá caminar es, en buena medida, observar. Cañadón Caracoles: trekking y escalada El trekking puede combinarse además con otras actividades de aventura. En el Cañadón Caracoles existe un sector destinado a la escalada, con alrededor de 60 vías de diferentes grados de dificultad. Pero el lugar también permite entender uno de los conceptos que atraviesan el proyecto de Parque Patagonia: el turismo regenerativo. La actividad turística convive con trabajos de restauración de ambientes naturales, entre ellos humedales y juncales. En determinados sectores se realizaron acciones para recuperar estos ambientes vinculados con el agua y favorecer la biodiversidad. Así, la experiencia del visitante se desarrolla dentro de un territorio donde el turismo está relacionado con un proceso más amplio de recuperación de la naturaleza.

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Viaje, naturaleza y salud mental: por qué cambiar de entorno puede ayudarnos a descansar

Cambiar de paisaje, salir de la rutina y pasar tiempo en contacto con la naturaleza puede tener efectos positivos sobre nuestro bienestar. Un psicólogo explica qué ocurre cuando dejamos por unos días los estímulos y las obligaciones cotidianas y por qué descansar no siempre significa hacer más cosas. En diálogo con el Licenciado Facundo Estévez (M.N. 71.422) para juaninoticias, el psicólogo nos confirma los beneficios que tiene para nuestra salud mental viajar y cambiar por unos días el entorno y la rutina cotidiana. «Cambiar de entorno puede ser muy beneficioso porque interrumpe algo que muchas veces nos agota sin que lo registremos: funcionar en automático. La rutina es necesaria, ordena y da previsibilidad, pero también puede dejarnos expuestos de manera constante a los mismos estímulos, preocupaciones, obligaciones y roles. En nuestra vida cotidiana no sólo habitamos una casa o una ciudad: también habitamos una agenda, determinadas conversaciones, responsabilidades y formas repetidas de pensar» expresa. El viajar es un placer dice la canción y parece ser también una necesidad para romper con nuestra rutina. El psicólogo dice al respecto: «Viajar introduce novedad. Nos obliga a mirar, orientarnos, registrar otras cosas y salir, aunque sea temporalmente, de esos circuitos habituales. Eso puede generar cierta distancia psicológica respecto de problemas que, cuando estamos inmersos en ellos todos los días, parecen ocuparlo todo» y agrega «por supuesto, viajar no resuelve mágicamente un conflicto ni reemplaza un tratamiento cuando es necesario. Pero sí puede modificar por unos días las condiciones en las que nuestra mente funciona. Y a veces no necesitamos escapar de nuestra vida: necesitamos dejar de verla durante un rato exactamente desde el mismo lugar mental«. Pero no sólo salir a la ruta implica un cambio en la diaria sino también estar conectados con la naturaleza. Estar rodeados de árboles, caminar una montaña o simplemente respirar aire puro nos permite disfrutar de un grato momento: «La naturaleza tiene una característica interesante: puede captar nuestra atención sin exigirla de la misma manera que lo hacen muchos estímulos cotidianos. Un paisaje, el movimiento del agua, los árboles, los sonidos naturales o simplemente mirar el horizonte producen estimulación, pero no necesariamente nos colocan en una posición de alerta o respuesta» expresa Estévez. En este punto, el profesional habla de uno de los problemas sociales más frecuentes en esta época: «En la ansiedad ocurre muchas veces lo contrario: la atención está tomada por la anticipación. La mente intenta predecir, controlar, resolver o detectar posibles problemas de manera casi permanente. El contacto con un entorno natural puede facilitar algo muy simple pero psicológicamente valioso: volver a registrar lo que está ocurriendo ahora. El cuerpo, la temperatura, los sonidos, la respiración, el movimiento». Tampoco hablamos de soluciones mágicas pero si de ayudas necesarias: «No diría que la naturaleza ‘cura’ la ansiedad, porque sería una simplificación. Pero sí puede favorecer una disminución de la activación y ofrecer un contexto en el que sea más fácil salir, aunque sea momentáneamente, de ese estado de vigilancia continua». Estamos inmersos en un mundo conectado por dispositivos las 24 horas y «perderse» de algo que está sucediendo o sucedió parece grave para estos tiempos. «Descansar mentalmente no significa necesariamente dejar la mente en blanco. Muchas veces significa algo bastante más concreto: dejar de responder. Gran parte de nuestra relación con las pantallas nos mantiene en una posición de respuesta permanente. Llega un mensaje, una noticia, un mail, una notificación, un video, una publicidad. Constantemente tenemos que decidir si mirar, contestar, ignorar, seguir deslizando o pasar a otra cosa. Incluso cuando creemos que estamos descansando con el teléfono, seguimos tomando pequeñas decisiones y procesando una enorme cantidad de información» afirma Facundo. En cambio la propuesta de estar conectados con un ecosistema natural modifica nuestro accionar: «La naturaleza propone una relación muy diferente con la atención. Un paisaje no exige una respuesta. Un árbol no necesita que hagamos nada con él. El mar no espera que contestemos. Y eso es particularmente importante en una época en la que estar disponible se volvió casi un estado psicológico permanente. Por eso, a veces descansar no es solamente dormir más o hacer menos actividades. Es dejar de estar accesibles, estimulados y convocados todo el tiempo» sostiene. Le consultamos al psicólogo si existe una relación entre una actividad llevada a cabo al aire libre y la sensación que muchas veces sentimos de «bienestar» y responde: «Sí. Además, las actividades al aire libre suelen reunir varios elementos que por separado ya pueden ser beneficiosos: movimiento corporal, cambio de ambiente, exposición a la luz natural, disminución de estímulos digitales y contacto con espacios abiertos. Caminar, por ejemplo, tiene algo especialmente interesante: es movimiento, pero no necesariamente rendimiento. El cuerpo está activo mientras la mente puede ir desacelerando». «Pero también me parece importante reivindicar la contemplación» agrega, «vivimos en una cultura muy orientada al rendimiento y, paradójicamente, a veces convertimos incluso el descanso en otra tarea que tenemos que cumplir bien: caminar tantos kilómetros, hacer trekking, meditar determinada cantidad de minutos, conocer todos los lugares, aprovechar cada momento. Entonces podemos terminar llevando la misma lógica de exigencia de la vida cotidiana a nuestras vacaciones». ¿Y entonces? A lo que responde: «el bienestar no siempre aparece porque hacemos algo extraordinario. También puede aparecer cuando dejamos de exigirle productividad a nuestra experiencia. A veces caminar ayuda. A veces moverse ayuda. Y otras veces puede ser profundamente reparador sentarse frente a un paisaje durante veinte minutos sin fotografiarlo, sin transformarlo inmediatamente en contenido y sin preguntarse qué hay que hacer después». Para cerrar esta entrevista, le pedimos a Facundo que nos recomiende qué hacer cuando sentimos que tenemos que «resetearnos»: «Lo primero sería no esperar necesariamente a estar completamente agotados. Muchas personas se permiten descansar recién cuando el cuerpo o la cabeza ya no pueden más. Y ahí el descanso aparece casi como una reparación de emergencia». Vale la corrección que él hace a nuestra pregunta: «intentaría cambiar un poco la idea de ‘reset’. Las personas no somos computadoras: no podemos borrar lo vivido, apagar

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Japón supera por primera vez los 100.000 habitantes de 100 años o más

El país alcanzó un nuevo récord de longevidad: ya son 107.677 las personas de 100 años o más, según los últimos datos oficiales. Casi el 88% son mujeres. En 1963, cuando comenzaron estos registros, había apenas 153 centenarios en todo Japón. Japón acaba de alcanzar una cifra que marca un nuevo capítulo en su historia demográfica: 107.677 personas de 100 años o más viven actualmente en el país, superando por primera vez la barrera de los 100.000. El dato fue difundido por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón con motivo del Día del Respeto a los Mayores, que se celebra cada septiembre. La cantidad representa un aumento de 7.914 personas respecto del año anterior y constituye un nuevo máximo histórico. Pero detrás del número hay una transformación mucho más profunda: Japón atraviesa desde hace décadas un proceso de envejecimiento de su población, acompañado por una disminución de la cantidad de habitantes. De 153 centenarios a más de 100.000 La evolución resulta especialmente llamativa cuando se observa en perspectiva. En 1963, cuando comenzaron los registros oficiales de personas de 100 años o más, Japón tenía solamente 153 centenarios. La cifra superó los 1.000 en 1981, alcanzó los 10.000 en 1998 y pasó los 50.000 en 2012. En 2025 había llegado a 99.763 y, apenas un año después, finalmente superó la barrera de los 100.000. Es decir, en poco más de seis décadas, el número de personas que alcanzan o superan los 100 años pasó de unas pocas centenas a más de cien mil. Casi 9 de cada 10 centenarios son mujeres Otro de los datos que sobresale es la enorme diferencia entre hombres y mujeres. De los 107.677 centenarios registrados en 2026, 94.298 son mujeres y 13.379 son hombres. Eso significa que las mujeres representan aproximadamente el 87,6% del total, mientras que los hombres representan el 12,4%. La tendencia no es nueva. En 2025, las mujeres ya representaban cerca del 88% de las personas de 100 años o más en Japón. ¿Quiénes son las personas más longevas de Japón? Entre las personas de mayor edad se encuentra Fuyo Kishimoto, residente de Kioto, quien tiene 114 años y es actualmente la mujer más longeva de Japón, según el Ministerio de Salud japonés. En el caso de los hombres, Hikaru Kato, de Kumamoto, tiene 112 años y es considerado el hombre vivo de mayor edad del país. Su edad fue verificada por el Ministerio japonés y validada por la Gerontology Research Group. Kato nació en 1914 y, después de retirarse de su trabajo en el Ministerio de Agricultura, continuó participando en actividades comunitarias y practicando cerámica durante buena parte de su vida. ¿Por qué viven tantos años en Japón? El propio Ministerio de Salud japonés señala entre los factores relacionados con el aumento de la longevidad la mejora de las condiciones de vida, la alimentación y el estado nutricional, además de los avances de la tecnología médica. La longevidad japonesa suele estar asociada también a hábitos alimentarios tradicionales y a una mayor esperanza de vida, aunque no existe una única explicación que permita atribuir la llegada a los 100 años a un solo factor. Más que una receta para vivir un siglo, el fenómeno japonés muestra cómo los avances sanitarios y sociales pueden modificar profundamente la estructura de una población. Una transformación que también cambia la vida cotidiana El crecimiento de la población centenaria tiene una segunda cara: cada vez hay una mayor proporción de personas mayores dentro de una sociedad cuya población total está disminuyendo. Por eso, el propio gobierno japonés plantea el desafío de mantener un sistema de seguridad social sostenible frente al avance del envejecimiento poblacional. El ministro de Salud, Kenichiro Ueno, destacó que la prolongación de la vida saludable tiene importancia social, pero también señaló la necesidad de garantizar la sostenibilidad de los sistemas de protección social. Japón se convierte así en un caso particularmente interesante para observar cómo será el futuro de sociedades donde las personas viven cada vez más años. Una mirada diferente sobre Japón Para quienes viajan a Japón, esta realidad demográfica también ofrece otra manera de entender el destino. Más allá de Tokio, Kioto, Osaka o los grandes atractivos turísticos, la longevidad forma parte de la identidad contemporánea japonesa y permite acercarse a cuestiones como las costumbres, la alimentación, la relación entre generaciones y las formas de vida de sus comunidades. Porque conocer un destino también significa entender cómo vive su gente y qué transformaciones atraviesa su sociedad.

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El lugar ideal para hacer trekking de naturaleza en la Ciudad de Buenos Aires

A pocos minutos del centro de la Ciudad de Buenos Aires existe un lugar donde los rascacielos dejan paso a lagunas, bañados, bosques y cortaderales. La Reserva Ecológica Costanera Sur es una de las mejores opciones para hacer trekking, caminar y descubrir la biodiversidad de Buenos Aires sin salir de la ciudad. Entre Puerto Madero y el Río de la Plata se encuentra la primera Área Natural Protegida de la Ciudad de Buenos Aires: la Reserva Ecológica Costanera Sur. Sus aproximadamente 350 hectáreas conforman uno de los espacios verdes más importantes de la ciudad y ofrecen una experiencia completamente diferente a la que habitualmente asociamos con Buenos Aires. A medida que avanzan los senderos, las torres y los edificios quedan atrás y aparecen lagunas, bañados, bosques de alisos y cortaderales, en un paisaje donde la naturaleza es la verdadera protagonista. Un lugar para hacer trekking en Buenos Aires La Reserva Ecológica Costanera Sur es un destino ideal para quienes buscan hacer trekking en Buenos Aires, practicar senderismo, caminar al aire libre o simplemente encontrar un espacio para conectarse con la naturaleza. Sus senderos permiten recorrer diferentes ambientes naturales y observar cómo la biodiversidad encuentra su lugar en medio de una de las ciudades más grandes de Argentina. Durante la visita también es posible participar de visitas guiadas y actividades vinculadas con la conservación, la biodiversidad y los distintos ecosistemas que forman parte de la reserva. Por eso, más que un espacio para hacer ejercicio, la Reserva propone una oportunidad para conocer y entender el patrimonio natural de la ciudad. Más de 300 especies de aves Uno de los grandes atractivos para quienes disfrutan del avistaje de aves en Buenos Aires es la enorme diversidad que puede encontrarse en la Reserva. Según los datos proporcionados para este espacio natural, alrededor de 307 especies de aves construyen sus nidos y encuentran allí alimento y refugio. Entre ellas aparecen especies pequeñas y habituales, como el benteveo, el chingolo y el barillero, pero también aves de mayor tamaño como el carancho, el chimango, el chajá y el gavilán. Los senderos también permiten descubrir especies que muchas veces pasan inadvertidas para quienes recorren la ciudad: carpinteros, cutiris y cisnes forman parte de esta particular fauna urbana. Para los amantes de la fotografía de naturaleza, la Reserva también ofrece la posibilidad de observar y registrar diferentes especies en su ambiente natural. Coipos, zarigüeyas y otros mamíferos La biodiversidad de la Reserva Ecológica Costanera Sur no termina en las aves. Entre las raíces, las cortaderas y la vegetación también viven diferentes roedores como el coipo, el cuis y distintas especies de ratones. Con algo de suerte, algunos pueden verse atravesando rápidamente los senderos antes de volver a esconderse entre la vegetación. También habitan la reserva especies que pueden resultar mucho más sorprendentes para quienes viven en Buenos Aires, como la zarigüeya y diferentes especies de murciélagos. En total, se registran alrededor de 18 especies de mamíferos, entre ellas incluso el lobo marino peletero. Reptiles, anfibios y peces Las lagunas y bañados de la Reserva también son fundamentales para otras especies. Se calcula que existen alrededor de 28 especies de reptiles, entre las que se encuentran diferentes tipos de tortugas, además de lagartos y serpientes. En los ambientes acuáticos también encuentran refugio 12 especies de anfibios, entre ranas y sapos. Los peces son otro componente importante de este ecosistema. La Reserva alberga unas 22 especies, desde pequeñas mojarras hasta especies como el dorado. Y existe un mundo mucho más pequeño que muchas veces pasa completamente desapercibido: los artrópodos. Con unas 644 especies registradas, representan uno de los grupos con mayor diversidad dentro de la Reserva Ecológica. Naturaleza a pocas cuadras del centro Quizás uno de los aspectos más sorprendentes de este lugar sea justamente su ubicación. La Reserva Ecológica Costanera Sur demuestra que para disfrutar del turismo de naturaleza en Buenos Aires no siempre es necesario viajar cientos de kilómetros. A pocos minutos de zonas como Puerto Madero y del centro porteño, es posible caminar entre cortaderas, observar aves, descubrir mamíferos y recorrer ambientes que funcionan como refugio para cientos de especies. Es una propuesta ideal para quienes buscan qué hacer en Buenos Aires al aire libre, para los amantes del senderismo y para quienes quieren descubrir un costado diferente de la ciudad. Porque a veces, para encontrar naturaleza, no hace falta irse lejos. Hay que saber dónde mirar. Reserva Ecológica Costanera Sur: información útil 📍 Ubicación: entre Puerto Madero y el Río de la Plata, Ciudad de Buenos Aires. 🥾 Actividades: caminatas, trekking, senderismo, visitas guiadas, avistaje de aves, fotografía de naturaleza y observación de fauna. 🌿 Superficie: aproximadamente 350 hectáreas. 🕐 Horario: martes a domingos de 8 a 18 horas. La reserva permanece cerrada los lunes, salvo modificaciones o jornadas especiales informadas por las autoridades. Si estás buscando una experiencia de turismo de naturaleza en Buenos Aires, la Reserva Ecológica Costanera Sur es uno de esos lugares que vale la pena conocer y recorrer con tiempo.

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Trekking en el agua en el Cajón del Covunco: una experiencia adrenalínica

El norte neuquino esconde una experiencia adrenalínica en medio del Cajón del Covunco. Este lugar ubicado en el Área Natural Protegida Domuyo, tiene paredones imponentes de basalto columnar de 150 metros de altura, rodeado de gran variedad de vegetación y si miramos arriba, podemos ver el emblemático cóndor andino. Esta actividad es ideal para los aventureros que buscan hacer cosas distintas, en este caso enfrentándose a las corrientes de agua del Covunco, trepando rocas y disfrutando del paisaje. Si esta excursión dura 6 horas y requiere de pies con ganas de caminar y escalar. Son unos 5 kilómetros de trekking que por sus características geográficas, llevará mucho más tiempo que cualquier sendero normal. Valor de la actividad $130.000 y podrás hacer tu reserva en Rumbo Norte.

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Turismo responsable: una tendencia que llegó para quedarse

Viajar es uno de los grandes placeres, por lo menos para mí, que existen en la vida. Descubrir lugares, conocer nuevas personas y sorprenderte con los paisajes que el país y el mundo te van presentando, es una de las actividades más encantadoras que tiene el ser humano, pero no siempre se hace de la manera correcta. Hoy se habla mucho del turismo responsable y cada vez son más los turistas que coinciden con esta manera de viajar. Siempre está el que «desconoce alguna norma» o ignora costumbres de ciertos lugares o no cuida la naturaleza. Por eso paso a contarte de qué se trata esta tendencia que por suerte, llegó para quedarse. Este enfoque busca minimizar los impactos negativos y maximizar los positivos del medio ambiente. Llegar a la cima de una montaña con tus residuos y retirar con ellos, es clave para no aportar a la contaminación del ecosistema. Lo mismo ocurre con los animales que viven en su hábitat y que merecen respeto. Ni hablar de evitar hacer fuego en lugares prohibidos o dañar la flora que el paisaje nos pone ante nuestros ojos. Cuando hablamos de turismo de naturaleza también hacemos referencia a los pueblos, su cultura y tradición, su economía local. Entender que uno visita un lugar donde viven personas, muchas de ellas nativas, es fundamental para respetar ese patrimonio cultural. Comprar sus productos, utilizar sus servicios, favorece a la sostenibilidad de ese destino. El transporte es uno de los desafíos más grandes que existen en el turismo responsable. Sabemos que la mayoría de los turistas llegan en colectivos, aviones, barcos o su propio vehiculo. Pero una vez instalados en el lugar, utilizar bicicleta o salir a caminar sin necesidad de sacar tu auto, ya es otro aporte. Contanos, ¿te imaginás otra medida responsable?

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