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Cada vez más argentinos en España: aumentó un 50%

Vivir fuera de la Argentina, para los argentinos, significa buscar nuevos horizontes con esperanza de un mejor presente. Eso si sólo pensamos en las últimas grandes crisis que atravesó el país. Sin embargo, la tendencia de vivir en el exterior no sólo tiene que ver con una cuestión económica, sino también de experiencia de vida. Seguramente entre tus conocidos, algún amigo o familiar tomó esta decisión. Vendió todo o desalquiló en la ciudad donde vivía, y Ezeiza fue su punto de partida al mundo. Pero aquí no me baso sólo en mi entorno o el famoso «me dijo», sino en datos cuantitativos. Si tomamos como referencia el periodo de 2021 a 2025, la población de argentinos que residen en España pasó de 302.594 personas a 450.883, es decir creció casi un 50%, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE). El lugar elegido por la mayoría es Cataluña, donde encontramos la comunidad con mayor presencia argentina: 116.720 personas.

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Turismo responsable: una tendencia que llegó para quedarse

Viajar es uno de los grandes placeres, por lo menos para mí, que existen en la vida. Descubrir lugares, conocer nuevas personas y sorprenderte con los paisajes que el país y el mundo te van presentando, es una de las actividades más encantadoras que tiene el ser humano, pero no siempre se hace de la manera correcta. Hoy se habla mucho del turismo responsable y cada vez son más los turistas que coinciden con esta manera de viajar. Siempre está el que «desconoce alguna norma» o ignora costumbres de ciertos lugares o no cuida la naturaleza. Por eso paso a contarte de qué se trata esta tendencia que por suerte, llegó para quedarse. Este enfoque busca minimizar los impactos negativos y maximizar los positivos del medio ambiente. Llegar a la cima de una montaña con tus residuos y retirar con ellos, es clave para no aportar a la contaminación del ecosistema. Lo mismo ocurre con los animales que viven en su hábitat y que merecen respeto. Ni hablar de evitar hacer fuego en lugares prohibidos o dañar la flora que el paisaje nos pone ante nuestros ojos. Cuando hablamos de turismo de naturaleza también hacemos referencia a los pueblos, su cultura y tradición, su economía local. Entender que uno visita un lugar donde viven personas, muchas de ellas nativas, es fundamental para respetar ese patrimonio cultural. Comprar sus productos, utilizar sus servicios, favorece a la sostenibilidad de ese destino. El transporte es uno de los desafíos más grandes que existen en el turismo responsable. Sabemos que la mayoría de los turistas llegan en colectivos, aviones, barcos o su propio vehiculo. Pero una vez instalados en el lugar, utilizar bicicleta o salir a caminar sin necesidad de sacar tu auto, ya es otro aporte. Contanos, ¿te imaginás otra medida responsable?

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Receta viajera: tres ideas para comer pollo en las fiestas

Tener que pensar en qué comer es todo un desafío, más cuando se trata de preparar la mesa para Navidad y Año Nuevo, ni te cuento si esto te pasa fuera de casa en pleno viaje. En Receta Viajera, junto a CEPA y CINCAP, te proponemos tres opciones que incluye qué hacer con las sobras al día siguiente. El pollo entero es un clásico y una opción ideal para compartir en familia. Pero también está bueno y ser originales con recetas un poco diferentes. Mirá este fosforito de pollo: Por último, pensemos qué hacer con las sobras. Nada de tirar comida, todo se recicla y de la mejor manera:

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San Alonso, donde la fauna hace historia

Quizás este sea una de las paradas más cuestionadas por ustedes, mis lectores. Al igual que los seguidores de mis redes, se van a terminar enamorando de este destino por su belleza pero también por la importancia que tiene a nivel ecológico. Pero antes de desenamorarlos, les aclaro algo clave, no van a poder visitarlo, salvo que sean biólogos o periodistas que consigan los permisos correspondientes para llegar hasta esta isla. Junto a la fundación Rewilding Argentina, viajé al Gran Parque Iberá. Una de las visitas que hicimos para cumplir con el objetivo de ese viaje de turismo de naturaleza, fue la estación biológica San Alonso. Nos subimos a una lancha y en unos 40 minutos llegamos. Allí nos esperaba gente especializada en dos cuestiones fundamentales para la zona, la reintroducción de dos animales extintos (por el hombre) que históricamente volvieron a su hábitat para lograr el equilibrio en el ecosistema del Iberá. Antes de hablarle de la fauna, quisiera contarles un poco de este espacio tan lindo y por qué merece ser una de las paradas elegidas por mi. Ya la mística que genera saber que sólo podemos llegar al lugar por lancha o en avioneta, nos lleva a pensar cómo hicieron para haber construido tan majestuosa estructura. Y hablemos de ella. Primero, en medio de la isla nos encontramos con una casona de campo muy bien ambientada con estilo. Revistada en madera con diferentes habitaciones, departamentos exclusivos y una doble suite. Un espectacular living, comedor y una cocina muy pintoresca. Todo está perfectamente cuidado por sus trabajadores y a simple vista, parecen estar felices con su trabajo. El jardín que rodea esta casa no sólo está cubierto de vegetación sino de la presencia de pecaríes de collar que le dan aún más encanto a todo el entorno. Ellos, acostumbrados a la presencia del humano, hacen de las suyas muy cerquita de uno. Como ocurre en toda reserva ecológica, nadie intenta tocarlos ni intervenir en su rutina natural. A unos cuantos metros de esta casona podemos ver carpas al estilo africano, literalmente. ya que fueron traídas desde ese continente, donde viven colaboradores de los distintos proyectos que se desarrollan en San Alonso. Pero lo más sorprendente llega cuando en camioneta nos dirigimos a las jaulas, al estilo Jurassic Park donde se encuentra una de las especies reintroducidas en el Gran Parque Iberá. Estamos hablando del yaguareté, el animal tope de la cadena alimenticia. El mayor depredador terrestre del sur americano, extinguido en su momento por la caza del hombre. Al llegar me sorprende ver la magnitud de estos espacios, cada uno de ellos, tres en total, tienen una hectárea y hay otro aún mayor, de 30 hectáreas donde el felino dará sus primeros pasos salvajes antes de ser liberado al parque nacional. Por suerte pudimos ver a este animal tan hermoso que vive en cautiverio porque nació ncerrado entre rejas y no tendrá la oportunidad de estar en libertad porque desde muy pequeño no desarrolló sus habilidades salvajes y tampoco las tendrá por el resto de su vida. Pero si gozará de mejores condiciones que en un zoológico y servirá no sólo como estudio del comportamiento de la especie sino también para reproducirse y hacer que la misma no desaparezca nuevamente. Sus crías, si tendrán la oportunidad de vivir fuera de estas jaulas. Otro proyecto clave en la historia de Corrientes es la reintroducción de la nutria gigante. Otro gran depredador, el más grande que existe en el agua. Estos son reguladores del ecosistema acuático, permitiendo un equilibrio en la cadena alimenticia de los ríos. La nutria también fue cazada. Su piel se vendía muy cara y formaba parte de un negocio oscuro pero permitido en otras épocas. Por suerte hoy se trabaja en su reincorporación y está terminantemente prohibido cazarla. Después de varias décadas, el 2025 fue un año importante para esta especie ya que volvió a estar en libertad. Hoy se estudia su comportamiento en su hábitat con rastreos constantes de sus movimientos. Estamos en frente de dos proyectos que cambiarán la historia natural del parque y que es bastante ambicioso, ya que se busca generar puntos con otros espacios naturales para lograr construir lo que jamás debió romperse. No sólo lograr el equilibrio del ecosistema sino la toma de conciencia, del correntino y de cualquier argentino o persona que habite este mundo y entienda la importancia de estas especies.

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Los Antiguos, un pueblo naturalmente hermoso

Todos sabemos que el sur argentino se caracteriza por tener distancias muy largas entre pueblo y pueblo. Algunos aventureros se atreven, y bien hacen, a emprender un viaje por tierra recorriendo kilómetros y kilómetros con el fin, no sólo de llegar a un destino planificado, sino de disfrutar al máximo el camino que nos regala este maravilloso país. Algo similar me ocurrió en Santa Cruz. Llegué al aeropuerto de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, donde me esperaba un servicio privado de camionetas que nos trasladarían a distintos puntos del territorio santacruceño. Si observamos en el mapa, para hacer un recorrido de norte a sur, en la penúltima provincia del país, la localidad de Comodoro es la más cómoda para aterrizar ya que está al límite entre ambas jurisdicciones. Nuestro objetivo final era Calafate y la visita que el mundo debería hacer al Glaciar Perito Moreno en el Parque Nacional Los Glaciares. Pero en el camino fuimos alojándonos en varios pueblos, conociendo su gente y probando algunas delicias típicas de la zona. Cuando nos nombraron Los Antiguos, no tenía ninguna referencia al respecto y eso hizo más grande mi asombro al descubrir tan lindo lugar. Bien pegadito a la Cordillera de los Andes, en la costa sur del Lago Buenos Aires y a orillas del río Los Antiguos, este pueblo de casi 5.000 habitantes tiene la enrome fortuna de estar rodeado de naturaleza en su máxima expresión, y en su máxima expresión también se siente el viento del cercano Océano Pacífico. Nos tocó un día bien soleado para poder caminar sus calles y apreciar desde su mirador gran parte del pueblo. Una de las actividades que propone su gente, es recorrer las huertas de frutas finas y cerezas, de hecho este fruto es el característico de este destino y se auto perciben con la “capital nacional de la cereza”. Grandes plantaciones y producciones de dulces, mermeladas y conservas de primera calidad se pueden ver y degustar, como bien lo hice. También se practica la pesca deportiva, hay deportes náuticos aprovechando su gran espejo de agua, se puede realizar avistaje de aves, senderismo y trekking. Podremos observar canales de riesgos que atraviesan las chacras rodeadas de coníferas. Desde un mirador, en uno de los puntos más altos del pueblo se aprecian los campos, en el verano, a punto de ser cosechados. Los Antiguos, según cuenta la historia, recibe este nombre porque allí iban a pasar su vejez los ancianos patagones (pueblos originarios: tehuelches, aonikenk o patagones). Ellos llamaron al lugar i-keu-kenk que literalmente significa «mis antepasados». Mi visita fue durante el verano pero muchos recomiendan llegar hasta aquí en invierno para disfrutar de los deportes invernales y un paisaje totalmente diferente al que yo vi. Otro atractivo que se aconseja visitar es el área «La Ascensión” del Parque Nacional Patagonia. Este cuenta con refugios. Allí antiguamente funcionaba una estancia lanera. Pasamos la noche en un hotel muy lindo. Disfruté de una buena gastronomía y al día siguiente aprendimos viaje a otro punto de la provincia. Destaco la calidez de su gente y la buena predisposición para que vivamos una excelente experiencia. Espero volver pronto.

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Iruya, un pueblo escondido entre montañas

Cada año me gusta ver cuáles son los pueblos elegidos como los “más lindos del mundo”, porque casi siempre Argentina está dentro de esa lista. Claro, tenemos a lo largo y ancho del país una enorme cantidad de lugares que sorprenden al planeta entero. Hay un medio especializado en turismo que tiene una gran influencia a nivel mundial. Se llama Condé Nast Traveler, de la misma editorial que Vogue, para que tengas mayor referencia. Si bien esta revista busca resaltar aquellos destinos de lujo también hace una lista de los pueblos más bellos del globo. En el 2023 se dio a conocer las 50 localidades elegidas y una de ellas fue Iruya, una belleza escondida entre montañas. Que si bien pertenece a la provincia de Salta, para ingresar a la misma debemos estar en Jujuy, a unos 70 kilómetros de Humahuaca. El camino es bastante complejo y siempre se recomienda ir en transporte público o con alguna persona que conozca el lugar. Sobretodo considerar estas posibilidades en épocas de lluvias. Uno cuando llega a este sitio toma dimensión de la altura que tiene el cordón serrano de Santa Victoria a su alrededor, parece abrazar y proteger a este pueblo de al menos 1500 habitantes. Hasta hace unos pocos años, no más de diez, no existía la corriente eléctrica y sus edificaciones conservan su esencia tradicional y cultural casi de forma intacta. Vale la pena, como bien lo destacó aquella publicación internacional, conocer Iruya. Si bien recorrerla nos llevará pocas horas, es clave tomarnos el tiempo para sentarnos en una roca y apreciar su belleza. Este tipo de visita rompe con la estrés o el aceleramiento que tenemos los que vivimos en las grandes ciudades, aquí el tiempo es otro. Al llegar lo primero que hice fue meterme entre sus callecitas y me encontré, o ella me encontró, una niña que me invitaba a comer en el nuevo parador que tenía su madre. Era tan nuevo que ese mismo día abrió y que yo, al principio un poco desconfiado (típico de quienes habitamos en las urbes), me convertí en su primer cliente. Pude degustar unas ricas empanadas salteñas y una gaseosa, mientras la joven me contaba cómo era su vida en ese lugar. Con la panza llena me dediqué a lo que vine, a conocer y caminar el pueblo. Vale mencionar que mi llegada a Iruya fue, como viene lo recomendé, en transporte público. Me tomé un colectivo, a las 7 am (único horario disponible del día) desde Tilcara. El trayecto duró casi tres horas y el último tramo fue bastante vertiginoso ya que el micro (bus) empieza a bajar de la montaña y siempre, si estás sentado del lado de la ventana, verás precipicio. Una vez en tierra, caminar será un placer pero no te exijas más de la cuenta ya que estás a 2.780 metros sobre el nivel del mar, en plena quebrada. Nos pulmones tendrán que adaptarse un rato para poder apreciar como corresponde el paisaje. Vamos a poder ver casas coloniales, calles empedradas y miradores naturales que nos regalarán postales únicas. También hay una cascada en medio del pueblo que desemboca en el río que lo atraviesa. Mi visita no fue muy extensa, ya que la distancia en tiempo entre la llegada del colectivo y la partida del único que regresa en el día era de cinco horas. Me bastaron para disfrutar al máximo de este sitio pero a quienes eligen pasar la noche. Escuché testimonios de personas que viene el atardecer y amanecer y reconocen que es espectacular. Es válido pensar en quedarse dos días porque también hay caminatas y cabalgatas hacia comunidades aún más aisladas como San Isidro o San Juan, repito, yo no las hice. Como estos dos destinos son al costado del río, dependerá mucho de la época del año, ya que las lluvias impiden este recorrido. A San Isidro son unos 8 kilómetros caminando por senderos entre ríos y cerros. No quiero cerrar esta parada sin antes contarles que el pueblo fue fundado en 1753, aunque algunos historiadores dicen que ya en 1640 había presencia de españoles. Muchas de las casas de adobe vienen de esos tiempos. La historia cuenta que trajeron una imagen de la Virgen del Rosario y esta fue lo único que quedó intacto entre los pastos tras sufrir un alud que sepultó al pueblo entero. El pastor que la encontró, la llevó a una capilla pero a los días volvió a aparecer en el lugar donde la vio por primera vez e Iruya se construyó en ese lugar. Actualmente podremos ver la iglesia Nuestra Señora del Rosario y San Roque, la construcción católica que posee las mismas dimensiones que la original. Su techo original era de barro y paja, y según leí, debido a que no pudo conservar los elementos originales nunca fue, hasta el momento, declarada monumento histórico provincial. Les aconsejo conocer este lugar, respirar su aire, caminar su callecitas y disfrutar de su gastronomía típica y auténtica. ¿Te gustó esta idea?

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Las Señoritas, colores con leyendas

Amo recorrer Jujuy por su diversidad de paisajes. Esta provincia esconde rincones con cultura, tradiciones, leyendas que te hacen pensar en cómo la imaginación parece no tener límites a la hora de contar una historia y con el boca a boca, va tomando distintas formas hasta llegar a lugares impensados. La Quebrada de Humahuaca, en el noreste de la Argentina, tiene rutas que se dirigen a sitios tan espectaculares como la Quebrada de las Señoritas. Aquí los turistas eligen un trekking diferente, no sólo en búsqueda de una imagen tan maravillosa con colores muy bien marcados sobre este cañon, sino también encontrarán leyendas que unen la época de la conquista, la Pachamama y un tesoro que rinde honor al concepto de “leyenda”. Mi estadía en este viaje fue Tilcara, desde allí uno puede ir en vehículo particular o tomarse un colectivo que nos lleva hasta Uquía, un pueblo de poco más de 500 habitantes que merece ser recorrido a pie para apreciar su belleza y porque no, charlar un poco con su gente. En la plaza central, si no mal recuerdo, la única, podremos ver puestos de venta de productos artesanales, ideal para los fanáticos de los recuerdos. Pero no crean que me fui de nuestro objetivo, todo lo contrario. Tenemos que venir hasta esta localidad para acceder a la quebrada. Hay dos alternativas en esta visita. Una es sin guía, pero no vamos a poder avanzar mucho, ya que se necesita de personas capacitadas en el recorrido, no sólo para que nos brinden información histórica sino también servirán literalmente de guía para evitar que te pierdas o que te suceda algún accidente. La otra posibilidad y creo que la más adecuada, es con un guía que se contrata ahí mismo. El costo no es elevado y son oficiales del lugar. Una vez que reúnan un grupo de personas, podrán emprender este trekking. Sé que hasta ahora no te conté nada de la leyenda que te vengo prometiendo, pero creeme que esta introducción es necesario para llegar hasta aquí. A medida que se desarrolla el recorrido, el guía nos va adentrando en la historia que atentamente todos queremos oír y al fin entender por qué se llama “señoritas” y si el nombre tiene alguna relación con los colores que vamos a apreciar. Los locales cuentan con orgullo, mientras los turistas miran con prejuicio, que un grupo de mujeres Incas partieron desde el Perú con una gran cantidad de oro. Ellas, si, las “señoritas” fueron perseguidas por los conquistadores, o mejor dicho, los invasores españoles. Desesperadas por la situación, huyeron de los europeos y al escaparse quedaron atrapadas en las quebradas. Por miedo a ser robadas, deciden esconder ese tesoro en algún lugar de la Quebrada de Humahuaca. Vale destacar que hasta el día de hoy nadie encontró tales joyas. Ellas, para salvar esa riqueza deciden ofrecer sus vidas a la Pachamama, para quien no sabe, así se le llama a la madre tierra. Esta, en agradecimiento por el gesto de las mujeres, erigió las formaciones rocosas que veremos en este trekking. El color rojo de las paredes rocosas, como podrán imaginar, es interpretado como la sangre derramada por las señoritas tras su sacrificio. La leyenda deja en claro las señoritas además valientes, fueron fieles defensoras de su tierra, dándole tanto amor, que sus vidas fueron entregadas a la Pachamama. Es importante entender que el norte argentino es muy espiritual y que este tipo de historias tienen un valor cultural importante para sus tradiciones. Si pretendemos explicar todo desde la razón, nos vamos a perder el hermoso significado que tiene, en este caso, rendirle homenaje a la tierra madre. ¿Conocés este lugar?

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Los Bolillos, un lugar soñado de Neuquén

https://www.youtube.com/watch?v=ihXgyPMVA3Q Decir que Argentina es un país con gran diversidad de suelo, clima, flora, fauna, es una gran obviedad, pero nunca está mal refrescar este pensamiento y demostrarlo con hechos, o mejor dicho con paisajes. Siempre que pensé en Neuquén, mi cabeza viajaba más hacia el sur de la provincia que al norte, y gracias a un viaje que hice a principios del 2025, pude entender que el norte esconde una belleza natural que merece ser descubierta por viajeros apasionados del turismo de naturaleza. Una de las paradas que me recomendaron fue Los Bolillos. Sin ninguna referencia visual ni comentarios previos al respecto me topé con una sorpresa inmensa. No sólo por la majestuosidad que tiene el lugar, sino porque la contemplación de este paisaje está apoyada por el silencio de la inmensidad, el aire puro e historias que rondan los miles y miles de años. Se trata de un conjunto de formaciones rocosas muy singulares formadas por la erosión del viento con formas de conos, domos y agujas de colores amarillos y rojizos. Lo más asombroso es que son estructuras geológicas naturales que han sido esculpidas por el viento a lo largo del tiempo. “Los Monjes” son los únicos que no te permiten imaginar demasiado porque ya alguien lo hizo por nosotros. Esta serie de bloques de piedra que parecen estar alineados con 15 metros de altura y parecen tener unas “capuchas y sotanas”. Pudimos verlos desde abajo y gracias al drone lo sobrevolamos. Es hermoso escuchar a los pocos turistas que hay en el lugar, cómo juegan con encontrarles formas humanas o de otro tipo a estas rocas. Como bien dije al principio de esta parada, Los Bolillos también tienen su historia contada de generación a generación. En este valle del Río Varvarco y dentro del Área Natural Protegida Domuyo nos encontramos con un cementerio o al menos unas cruces que dan señal que personas fueron enterradas allí. Le dicen el cementerio de la peste. Si bien no hay muchas precisiones ni registros escritos, los testimonios orales que fueron contando esta historia aluden a la fiebre tifoidea y otros dicen que se trató de la amarilla en la década del 30. Se cree que estos muertos de la primavera de 1937 fueron enterrados aquí y no en el cementerio Pichi Ñire donde habitualmente los familiares llevaban a su difunto, porque se les hizo imposible cruzar el río Varvarco por su fuerte caudal provocado por el deshielo que venía desde las montañas. Llegaron con mulas con los cuerpos cruzados sobre el lomo del animal y buscando un refugio natural, sin techo pero con unos paredones de rocas colocando unas cruces de madera que hasta el día de hoy se pueden observar. El trekking en este sitio dura aproximandamente una hora y es ideal para tomar las mejores fotografías. Te recomiendo ver el atardecer y no te asuste si llega la noche, porque el camino está muy bien marcado para tu regreso. Luego de esta caminada admirando y recorriendo “La Bolillada”, como habíamos contratado un servicio que nos llevó hasta el lugar, también, mientras disfrutábamos del paisaje, armaron una espectacular cena dentro de una caverna, si, donde originalmente vivieron personas. Con la luz que nos regalaba la luna, caminamos hacia esta mini cueva y comimos mirando las estrellas. Aquí podrás apreciar muy bien el cielo por la noche ya que si no encendés ninguna luz, no verás ningún objeto luminoso artificial. Un juego clave para este momento es quién ve más satélites.

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