La ballena Franca Austral, un monumento natural único en Argentina
Es uno de los animales más imponentes de la tierra. Sus casi 16 metros de largo y un peso de 40.000 kilos, genera la impresión y a veces el miedo de muchas personas. Pero lejos de ser una amenaza para el hombre, la ballena Franca Austral no sólo es súper tranquila sino también muy lenta, llegando a una velocidad de entre 9 a 11 km/h. Puede vivir en total armonía como el ser humano y esto se demuestra en las miles y miles de postales que año tras año, tienen los turistas en los distintos avistajes que hacen en el sur argentino. Algunas pueden llegar a vivir 100 años, pero su gran tamaño no es sinónimo de fortaleza para la especie ya que tiene una lenta tasa de reproducción y existe una interferencia humana en su hábitat que la pone constantemente en peligro. El cambio climático, el excesivo desecho de plástico en los océanos, las redes y sogas de pesca, las tareas de búsqueda de gas y petróleo en aéreas oceánicas pueden ser fatales para este animal. Incluso los choques con las embarcaciones, por eso se deben tener ciertos cuidados. La ballena Franca Austral es monumento natural nacional en Argentina, y esto se debe a que cada ejemplar es protegido desde 1984, cuando casi se extingue por completo frente a la caza comercial. En el 2002 una ballena quedó enredada en las cadenas de fondeo de un barco en Puerto Pirámides y fueron los especialistas de la zona los que lograron cortar la cadena y salvarle la vida. Desde ese momento, cada 25 de septiembre es el Día Nacional de la Ballena Franca Austral. Un símbolo de ayuda por parte del hombre para su conservación. En el 2025 se marcó otro dato histórico. Un censo aéreo determinó un crecimiento exponencial con respecto al 2024, pasando de 1468 ejemplares a 2100. Este cetáceo gracias a sus hábitos de alimentación colabora con la regulación de poblaciones de otras especies y los nutrientes de sus heces funcionan como fertilizante además de contribuir al secuestro de carbono y de esta forma a la mitigación del cambio climático. Es un animal indispensable, con una población que crece gracias a la conservación de la especie pero que no debemos quitarle los ojos de encima para no descuidarla como ocurrió en el pasado.
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