
Vengo viajando por Extremadura y cada vez estoy más sorprendido con su naturaleza, tradiciones e historias. Después de conocer el Valle de Jerte y su cultura atravesada por la producción de cereza, me di el gusto de recorrer el Parque Nacional Monfragüe y pude ver su imponente flora y fauna.
Como si esto fuera poco, visité y pasé una noche en Trujillo. Sentí que fue como viajar por siglos de historia y, al mismo tiempo, encontrarme con un montón de huellas que unen a Europa con América. Esta ciudad de Extremadura, considerada uno de los pueblos más bonitos de España, tiene un encanto especial que se siente apenas uno pone un pie en sus calles empedradas.
Lo primero que sorprende es que aquí no sólo se conservan siglos de historia europea. También hay una conexión muy fuerte con el continente americano. No por nada Trujillo es conocida como la «Cuna de los Conquistadores».
Por estas tierras nacieron personajes fundamentales en la historia de América, como Francisco Pizarro, conquistador del Perú, y Francisco de Orellana, el explorador que recorrió por primera vez el río Amazonas.
Pero la historia de Trujillo comenzó mucho antes. En la zona se conservan restos prehistóricos y prerromanos. Más tarde llegaron los romanos y, durante la época musulmana, se levantó el imponente castillo sobre el Cabezo del Zorro, una fortaleza construida en el siglo IX que domina toda la ciudad.

La reconquista definitiva llegó en 1232 de la mano del rey Fernando III. Y décadas más tarde, en 1479, la Plaza Mayor de Trujillo fue escenario de un momento clave para la historia de España: allí los Reyes Católicos consolidaron el reino al finalizar la guerra de sucesión y unir las coronas de Castilla y Aragón.
Hoy, caminar por Trujillo es descubrir iglesias, conventos, palacios y murallas que parecen detenidos en el tiempo. Sus rincones han servido incluso como escenario para películas y series, gracias a una arquitectura medieval extraordinariamente bien conservada. Un claro ejemplo fue Juego de Tronos.
Te recomiendo dedicarle varias horas para recorrerla sin apuro. Subir hasta el castillo ofrece unas vistas increíbles de los campos extremeños, mientras que sentarse en la Plaza Mayor permite disfrutar de uno de los espacios más bellos de España, rodeado de edificios históricos y presidido por la estatua ecuestre de Francisco Pizarro. Ah, y me di el gusto de hacer una degustación de quesos.
Porque si algo tiene Trujillo es esa mezcla fascinante entre el pasado de Europa y la del continente americano. Una ciudad cargada de historias escritas en piedra, donde cada calle parece guardar un relato de reyes, conquistadores y viajeros que cambiaron para siempre el rumbo del mundo.
Para el recorrido, conté con la guía Guadalupe Parrón que la súper recomiendo, ya que conoce muy bien la historia del pueblo. Claro, es trujillana y eso se agradece a la hora de conocer este hermoso lugar.
También quiero contarte que me alojé en un viejo convento, hoy convertido en hotel, llamado Hotel Izan Trujillo. Mirá mis stories para ver este contenido en videos.


