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Los Antiguos, un pueblo naturalmente hermoso

Todos sabemos que el sur argentino se caracteriza por tener distancias muy largas entre pueblo y pueblo. Algunos aventureros se atreven, y bien hacen, a emprender un viaje por tierra recorriendo kilómetros y kilómetros con el fin, no sólo de llegar a un destino planificado, sino de disfrutar al máximo el camino que nos regala este maravilloso país. Algo similar me ocurrió en Santa Cruz. Llegué al aeropuerto de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, donde me esperaba un servicio privado de camionetas que nos trasladarían a distintos puntos del territorio santacruceño. Si observamos en el mapa, para hacer un recorrido de norte a sur, en la penúltima provincia del país, la localidad de Comodoro es la más cómoda para aterrizar ya que está al límite entre ambas jurisdicciones. Nuestro objetivo final era Calafate y la visita que el mundo debería hacer al Glaciar Perito Moreno en el Parque Nacional Los Glaciares. Pero en el camino fuimos alojándonos en varios pueblos, conociendo su gente y probando algunas delicias típicas de la zona. Cuando nos nombraron Los Antiguos, no tenía ninguna referencia al respecto y eso hizo más grande mi asombro al descubrir tan lindo lugar. Bien pegadito a la Cordillera de los Andes, en la costa sur del Lago Buenos Aires y a orillas del río Los Antiguos, este pueblo de casi 5.000 habitantes tiene la enrome fortuna de estar rodeado de naturaleza en su máxima expresión, y en su máxima expresión también se siente el viento del cercano Océano Pacífico. Nos tocó un día bien soleado para poder caminar sus calles y apreciar desde su mirador gran parte del pueblo. Una de las actividades que propone su gente, es recorrer las huertas de frutas finas y cerezas, de hecho este fruto es el característico de este destino y se auto perciben con la “capital nacional de la cereza”. Grandes plantaciones y producciones de dulces, mermeladas y conservas de primera calidad se pueden ver y degustar, como bien lo hice. También se practica la pesca deportiva, hay deportes náuticos aprovechando su gran espejo de agua, se puede realizar avistaje de aves, senderismo y trekking. Podremos observar canales de riesgos que atraviesan las chacras rodeadas de coníferas. Desde un mirador, en uno de los puntos más altos del pueblo se aprecian los campos, en el verano, a punto de ser cosechados. Los Antiguos, según cuenta la historia, recibe este nombre porque allí iban a pasar su vejez los ancianos patagones (pueblos originarios: tehuelches, aonikenk o patagones). Ellos llamaron al lugar i-keu-kenk que literalmente significa «mis antepasados». Mi visita fue durante el verano pero muchos recomiendan llegar hasta aquí en invierno para disfrutar de los deportes invernales y un paisaje totalmente diferente al que yo vi. Otro atractivo que se aconseja visitar es el área «La Ascensión” del Parque Nacional Patagonia. Este cuenta con refugios. Allí antiguamente funcionaba una estancia lanera. Pasamos la noche en un hotel muy lindo. Disfruté de una buena gastronomía y al día siguiente aprendimos viaje a otro punto de la provincia. Destaco la calidez de su gente y la buena predisposición para que vivamos una excelente experiencia. Espero volver pronto.

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Iruya, un pueblo escondido entre montañas

Cada año me gusta ver cuáles son los pueblos elegidos como los “más lindos del mundo”, porque casi siempre Argentina está dentro de esa lista. Claro, tenemos a lo largo y ancho del país una enorme cantidad de lugares que sorprenden al planeta entero. Hay un medio especializado en turismo que tiene una gran influencia a nivel mundial. Se llama Condé Nast Traveler, de la misma editorial que Vogue, para que tengas mayor referencia. Si bien esta revista busca resaltar aquellos destinos de lujo también hace una lista de los pueblos más bellos del globo. En el 2023 se dio a conocer las 50 localidades elegidas y una de ellas fue Iruya, una belleza escondida entre montañas. Que si bien pertenece a la provincia de Salta, para ingresar a la misma debemos estar en Jujuy, a unos 70 kilómetros de Humahuaca. El camino es bastante complejo y siempre se recomienda ir en transporte público o con alguna persona que conozca el lugar. Sobretodo considerar estas posibilidades en épocas de lluvias. Uno cuando llega a este sitio toma dimensión de la altura que tiene el cordón serrano de Santa Victoria a su alrededor, parece abrazar y proteger a este pueblo de al menos 1500 habitantes. Hasta hace unos pocos años, no más de diez, no existía la corriente eléctrica y sus edificaciones conservan su esencia tradicional y cultural casi de forma intacta. Vale la pena, como bien lo destacó aquella publicación internacional, conocer Iruya. Si bien recorrerla nos llevará pocas horas, es clave tomarnos el tiempo para sentarnos en una roca y apreciar su belleza. Este tipo de visita rompe con la estrés o el aceleramiento que tenemos los que vivimos en las grandes ciudades, aquí el tiempo es otro. Al llegar lo primero que hice fue meterme entre sus callecitas y me encontré, o ella me encontró, una niña que me invitaba a comer en el nuevo parador que tenía su madre. Era tan nuevo que ese mismo día abrió y que yo, al principio un poco desconfiado (típico de quienes habitamos en las urbes), me convertí en su primer cliente. Pude degustar unas ricas empanadas salteñas y una gaseosa, mientras la joven me contaba cómo era su vida en ese lugar. Con la panza llena me dediqué a lo que vine, a conocer y caminar el pueblo. Vale mencionar que mi llegada a Iruya fue, como viene lo recomendé, en transporte público. Me tomé un colectivo, a las 7 am (único horario disponible del día) desde Tilcara. El trayecto duró casi tres horas y el último tramo fue bastante vertiginoso ya que el micro (bus) empieza a bajar de la montaña y siempre, si estás sentado del lado de la ventana, verás precipicio. Una vez en tierra, caminar será un placer pero no te exijas más de la cuenta ya que estás a 2.780 metros sobre el nivel del mar, en plena quebrada. Nos pulmones tendrán que adaptarse un rato para poder apreciar como corresponde el paisaje. Vamos a poder ver casas coloniales, calles empedradas y miradores naturales que nos regalarán postales únicas. También hay una cascada en medio del pueblo que desemboca en el río que lo atraviesa. Mi visita no fue muy extensa, ya que la distancia en tiempo entre la llegada del colectivo y la partida del único que regresa en el día era de cinco horas. Me bastaron para disfrutar al máximo de este sitio pero a quienes eligen pasar la noche. Escuché testimonios de personas que viene el atardecer y amanecer y reconocen que es espectacular. Es válido pensar en quedarse dos días porque también hay caminatas y cabalgatas hacia comunidades aún más aisladas como San Isidro o San Juan, repito, yo no las hice. Como estos dos destinos son al costado del río, dependerá mucho de la época del año, ya que las lluvias impiden este recorrido. A San Isidro son unos 8 kilómetros caminando por senderos entre ríos y cerros. No quiero cerrar esta parada sin antes contarles que el pueblo fue fundado en 1753, aunque algunos historiadores dicen que ya en 1640 había presencia de españoles. Muchas de las casas de adobe vienen de esos tiempos. La historia cuenta que trajeron una imagen de la Virgen del Rosario y esta fue lo único que quedó intacto entre los pastos tras sufrir un alud que sepultó al pueblo entero. El pastor que la encontró, la llevó a una capilla pero a los días volvió a aparecer en el lugar donde la vio por primera vez e Iruya se construyó en ese lugar. Actualmente podremos ver la iglesia Nuestra Señora del Rosario y San Roque, la construcción católica que posee las mismas dimensiones que la original. Su techo original era de barro y paja, y según leí, debido a que no pudo conservar los elementos originales nunca fue, hasta el momento, declarada monumento histórico provincial. Les aconsejo conocer este lugar, respirar su aire, caminar su callecitas y disfrutar de su gastronomía típica y auténtica. ¿Te gustó esta idea?

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Las Señoritas, colores con leyendas

Amo recorrer Jujuy por su diversidad de paisajes. Esta provincia esconde rincones con cultura, tradiciones, leyendas que te hacen pensar en cómo la imaginación parece no tener límites a la hora de contar una historia y con el boca a boca, va tomando distintas formas hasta llegar a lugares impensados. La Quebrada de Humahuaca, en el noreste de la Argentina, tiene rutas que se dirigen a sitios tan espectaculares como la Quebrada de las Señoritas. Aquí los turistas eligen un trekking diferente, no sólo en búsqueda de una imagen tan maravillosa con colores muy bien marcados sobre este cañon, sino también encontrarán leyendas que unen la época de la conquista, la Pachamama y un tesoro que rinde honor al concepto de “leyenda”. Mi estadía en este viaje fue Tilcara, desde allí uno puede ir en vehículo particular o tomarse un colectivo que nos lleva hasta Uquía, un pueblo de poco más de 500 habitantes que merece ser recorrido a pie para apreciar su belleza y porque no, charlar un poco con su gente. En la plaza central, si no mal recuerdo, la única, podremos ver puestos de venta de productos artesanales, ideal para los fanáticos de los recuerdos. Pero no crean que me fui de nuestro objetivo, todo lo contrario. Tenemos que venir hasta esta localidad para acceder a la quebrada. Hay dos alternativas en esta visita. Una es sin guía, pero no vamos a poder avanzar mucho, ya que se necesita de personas capacitadas en el recorrido, no sólo para que nos brinden información histórica sino también servirán literalmente de guía para evitar que te pierdas o que te suceda algún accidente. La otra posibilidad y creo que la más adecuada, es con un guía que se contrata ahí mismo. El costo no es elevado y son oficiales del lugar. Una vez que reúnan un grupo de personas, podrán emprender este trekking. Sé que hasta ahora no te conté nada de la leyenda que te vengo prometiendo, pero creeme que esta introducción es necesario para llegar hasta aquí. A medida que se desarrolla el recorrido, el guía nos va adentrando en la historia que atentamente todos queremos oír y al fin entender por qué se llama “señoritas” y si el nombre tiene alguna relación con los colores que vamos a apreciar. Los locales cuentan con orgullo, mientras los turistas miran con prejuicio, que un grupo de mujeres Incas partieron desde el Perú con una gran cantidad de oro. Ellas, si, las “señoritas” fueron perseguidas por los conquistadores, o mejor dicho, los invasores españoles. Desesperadas por la situación, huyeron de los europeos y al escaparse quedaron atrapadas en las quebradas. Por miedo a ser robadas, deciden esconder ese tesoro en algún lugar de la Quebrada de Humahuaca. Vale destacar que hasta el día de hoy nadie encontró tales joyas. Ellas, para salvar esa riqueza deciden ofrecer sus vidas a la Pachamama, para quien no sabe, así se le llama a la madre tierra. Esta, en agradecimiento por el gesto de las mujeres, erigió las formaciones rocosas que veremos en este trekking. El color rojo de las paredes rocosas, como podrán imaginar, es interpretado como la sangre derramada por las señoritas tras su sacrificio. La leyenda deja en claro las señoritas además valientes, fueron fieles defensoras de su tierra, dándole tanto amor, que sus vidas fueron entregadas a la Pachamama. Es importante entender que el norte argentino es muy espiritual y que este tipo de historias tienen un valor cultural importante para sus tradiciones. Si pretendemos explicar todo desde la razón, nos vamos a perder el hermoso significado que tiene, en este caso, rendirle homenaje a la tierra madre. ¿Conocés este lugar?

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Los Bolillos, un lugar soñado de Neuquén

https://www.youtube.com/watch?v=ihXgyPMVA3Q Decir que Argentina es un país con gran diversidad de suelo, clima, flora, fauna, es una gran obviedad, pero nunca está mal refrescar este pensamiento y demostrarlo con hechos, o mejor dicho con paisajes. Siempre que pensé en Neuquén, mi cabeza viajaba más hacia el sur de la provincia que al norte, y gracias a un viaje que hice a principios del 2025, pude entender que el norte esconde una belleza natural que merece ser descubierta por viajeros apasionados del turismo de naturaleza. Una de las paradas que me recomendaron fue Los Bolillos. Sin ninguna referencia visual ni comentarios previos al respecto me topé con una sorpresa inmensa. No sólo por la majestuosidad que tiene el lugar, sino porque la contemplación de este paisaje está apoyada por el silencio de la inmensidad, el aire puro e historias que rondan los miles y miles de años. Se trata de un conjunto de formaciones rocosas muy singulares formadas por la erosión del viento con formas de conos, domos y agujas de colores amarillos y rojizos. Lo más asombroso es que son estructuras geológicas naturales que han sido esculpidas por el viento a lo largo del tiempo. “Los Monjes” son los únicos que no te permiten imaginar demasiado porque ya alguien lo hizo por nosotros. Esta serie de bloques de piedra que parecen estar alineados con 15 metros de altura y parecen tener unas “capuchas y sotanas”. Pudimos verlos desde abajo y gracias al drone lo sobrevolamos. Es hermoso escuchar a los pocos turistas que hay en el lugar, cómo juegan con encontrarles formas humanas o de otro tipo a estas rocas. Como bien dije al principio de esta parada, Los Bolillos también tienen su historia contada de generación a generación. En este valle del Río Varvarco y dentro del Área Natural Protegida Domuyo nos encontramos con un cementerio o al menos unas cruces que dan señal que personas fueron enterradas allí. Le dicen el cementerio de la peste. Si bien no hay muchas precisiones ni registros escritos, los testimonios orales que fueron contando esta historia aluden a la fiebre tifoidea y otros dicen que se trató de la amarilla en la década del 30. Se cree que estos muertos de la primavera de 1937 fueron enterrados aquí y no en el cementerio Pichi Ñire donde habitualmente los familiares llevaban a su difunto, porque se les hizo imposible cruzar el río Varvarco por su fuerte caudal provocado por el deshielo que venía desde las montañas. Llegaron con mulas con los cuerpos cruzados sobre el lomo del animal y buscando un refugio natural, sin techo pero con unos paredones de rocas colocando unas cruces de madera que hasta el día de hoy se pueden observar. El trekking en este sitio dura aproximandamente una hora y es ideal para tomar las mejores fotografías. Te recomiendo ver el atardecer y no te asuste si llega la noche, porque el camino está muy bien marcado para tu regreso. Luego de esta caminada admirando y recorriendo “La Bolillada”, como habíamos contratado un servicio que nos llevó hasta el lugar, también, mientras disfrutábamos del paisaje, armaron una espectacular cena dentro de una caverna, si, donde originalmente vivieron personas. Con la luz que nos regalaba la luna, caminamos hacia esta mini cueva y comimos mirando las estrellas. Aquí podrás apreciar muy bien el cielo por la noche ya que si no encendés ninguna luz, no verás ningún objeto luminoso artificial. Un juego clave para este momento es quién ve más satélites.

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