Brasil: la deforestación en la Amazonía alcanza su nivel más bajo desde 2019

La deforestación en la Amazonía brasileña registró en 2025 su nivel más bajo desde 2019, marcando una desaceleración significativa en la pérdida de bosques tras varios años de fuerte presión ambiental en la región.

Según un informe de la red de monitoreo MapBiomas, en todo Brasil la superficie deforestada cayó por debajo del millón de hectáreas por primera vez desde que se tienen registros recientes. En comparación con el año anterior, la deforestación total en el país se redujo un 20,6 %, en un contexto donde en los últimos años se habían intensificado los incendios forestales, la minería ilegal, la expansión de la ganadería y el avance de la frontera agrícola.

Un cambio de tendencia en la Amazonía

El dato más relevante del informe es la desaceleración en la Amazonía, uno de los ecosistemas más importantes del planeta. La selva amazónica, que se extiende por alrededor de seis millones de kilómetros cuadrados en nueve países sudamericanos, concentra cerca del 60 % de su superficie en territorio brasileño.

De acuerdo con estimaciones de organismos ambientales y centros de investigación internacionales, el bioma almacena más de 120 mil millones de toneladas de carbono y cumple un rol clave en la regulación del clima global, especialmente en la absorción de CO₂ y en el ciclo de lluvias de gran parte de Sudamérica.

Sin embargo, los expertos advierten que el deterioro acumulado sigue siendo crítico: más del 20 % de la superficie original del Amazonas ya fue deforestada, y persisten alertas sobre un posible “punto de inflexión” climático que podría alterar de forma irreversible su capacidad de regeneración.

Presión ambiental y transición energética

La mejora en los indicadores de deforestación coincide con una etapa de redefinición estratégica en Brasil, que busca equilibrar su matriz productiva con nuevas políticas de desarrollo sostenible.

En paralelo a la agenda ambiental, el gobierno brasileño impulsa un plan de inversiones público-privadas por aproximadamente 8.500 millones de euros destinado a sectores vinculados a la transición energética, como la producción de minerales críticos, baterías, fertilizantes ecológicos, combustibles avanzados y vehículos eléctricos.

El objetivo es fortalecer la soberanía económica del país, atraer capital internacional y posicionar a Brasil como un actor clave en la nueva competencia global por los recursos estratégicos de la transición energética.

En este contexto, la reducción de la deforestación aparece como una señal positiva, aunque los desafíos estructurales sobre la conservación de la Amazonía siguen siendo uno de los principales debates ambientales del continente.

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