Europa cerró un verano marcado por récords de calor y una ola de impactos climáticos

El verano de 2026 dejó temperaturas extraordinarias en buena parte del continente. España tuvo su verano más cálido desde que existen registros y 61 días bajo condiciones de ola de calor, mientras que Europa occidental atravesó su verano más cálido registrado. A escala global, agosto fue el mes más cálido de la historia del registro climático.

Europa terminó el verano de 2026 con una sucesión de récords que dejó una pregunta cada vez más difícil de ignorar: ¿cómo serán los próximos veranos en un continente que ya está experimentando episodios de calor de esta intensidad?

Los datos publicados por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus muestran que el verano meteorológico —junio, julio y agosto— fue el tercero más cálido registrado para Europa, mientras que Europa occidental tuvo su verano más cálido desde que existen datos comparables.

El fenómeno no quedó limitado a las temperaturas. La combinación de calor persistente, sequía, incendios forestales y bajos niveles de humedad del suelo afectó también a ecosistemas, agricultura, ríos y ciudades.

Agosto fue el mes más cálido registrado a escala global

Uno de los datos más contundentes llegó al cierre de la temporada.

Según Copernicus, agosto de 2026 fue el agosto más cálido registrado, con una temperatura media global de 16,96 °C.

Pero hay una precisión importante: también fue, técnicamente, el mes más cálido registrado junto con julio de 2023, ya que la diferencia entre ambos fue inferior a 0,01 °C.

La temperatura global de agosto estuvo 1,65 °C por encima del nivel estimado para el período preindustrial 1850-1900. Fue además el primer mes desde noviembre de 2025 en superar nuevamente el umbral de 1,5 °C respecto de ese período de referencia.

Esto no significa que se haya superado de manera permanente el objetivo climático de 1,5 °C del Acuerdo de París, que se evalúa sobre períodos de largo plazo y no sobre un único mes.

Europa occidental vivió su verano más cálido

El impacto fue particularmente fuerte en la zona occidental del continente.

Entre junio y agosto de 2026, Europa occidental registró su verano más cálido de la serie de Copernicus, superando el récord anterior de 2003. La temperatura media de esa región alcanzó los 21,69 °C, unos 2,54 °C por encima del promedio de 1991-2020.

Francia, España, Italia, Reino Unido, Bélgica y otras zonas del oeste y centro de Europa atravesaron períodos prolongados de temperaturas excepcionalmente altas.

Copernicus señala que las olas de calor fueron particularmente tempranas, persistentes e intensas y que el episodio se prolongó desde mayo hasta comienzos de septiembre en algunas regiones.

España: 61 días bajo condiciones de ola de calor

España ofrece uno de los ejemplos más claros.

La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) confirmó que el verano de 2026 fue el más cálido de la serie histórica española, que comienza en 1961.

La temperatura media alcanzó los 24,5 °C, 2,4 °C por encima del promedio de referencia 1991-2020.

Pero el dato que mejor muestra la persistencia del fenómeno es otro: entre la Península y Baleares se contabilizaron 61 días bajo condiciones de ola de calor, distribuidos en cuatro episodios. El récord anterior correspondía al verano de 2022, con 41 días.

Es decir, aproximadamente dos de cada tres días del verano estuvieron afectados por condiciones consideradas de ola de calor.

Y el calor tampoco terminó exactamente con agosto: AEMET registró una nueva ola entre el 2 y el 7 de septiembre, ya dentro del otoño meteorológico.

Francia también atravesó un verano excepcional

Francia vivió varios episodios extremos durante la temporada.

Junio de 2026 fue el junio más cálido registrado en el país, con una temperatura media de 22,7 °C, 3,8 °C por encima de la media 1991-2020, según Météo-France.

Durante la ola de calor de junio, las temperaturas medias nacionales de 24 y 25 de junio alcanzaron por primera vez los 30 °C en el indicador térmico nacional, el valor más elevado registrado hasta entonces para ese indicador en cualquier mes.

El episodio fue especialmente intenso: 72 departamentos llegaron a estar simultáneamente en alerta roja por ola de calor, un hecho inédito desde la creación del sistema de vigilancia en 2004.

El balance de toda la temporada también fue extraordinario. Météo-France informó que el verano de 2026 fue el más cálido en Francia desde 1900, con una temperatura media de 24,0 °C y una anomalía de +3,6 °C respecto del período de referencia.

El problema no fue solamente el calor durante el día

Uno de los aspectos más importantes de las olas de calor fue la persistencia de las temperaturas nocturnas elevadas.

Cuando la temperatura no baja suficientemente durante la noche, el organismo tiene menos posibilidades de recuperarse del calor acumulado durante el día. Esto puede ser especialmente problemático para personas mayores, niños pequeños y quienes padecen enfermedades cardiovasculares o respiratorias.

En Francia, por ejemplo, alrededor del 75 % del territorio experimentó noches con temperaturas mínimas superiores a 20 °C durante el episodio de junio. En algunos lugares se registraron hasta diez noches cálidas consecutivas.

Durante julio, una estación de los Pirineos Orientales registró además una temperatura mínima de 30,6 °C, el valor nocturno más alto observado hasta entonces en Francia continental y Córcega.

Son las llamadas noches tropicales, un fenómeno que puede tener un impacto importante en el descanso y en la salud cuando se prolonga durante varios días.

El calor también afectó a ríos, suelos y bosques

La historia del verano europeo de 2026 no se explica solamente con termómetros.

Copernicus registró durante agosto condiciones de sequía en amplias zonas de Europa, con niveles excepcionalmente bajos de humedad del suelo y caudales reducidos en varios grandes ríos.

El Rin, el Danubio, el Ródano y otros cursos de agua alcanzaron niveles excepcionalmente bajos en distintos momentos.

El calor y la falta de humedad también favorecieron la propagación de incendios forestales, especialmente en regiones del Mediterráneo y otras áreas afectadas por sequía.

Para el turismo, esto tiene una consecuencia concreta: el cambio climático ya no es solamente una cuestión ambiental. Puede modificar cuándo viajamos, dónde viajamos y qué actividades podemos realizar con seguridad.

Una caminata por la montaña, una visita a un parque nacional o una jornada en una ciudad europea pueden requerir cada vez más planificación frente a episodios extremos.

¿Qué tiene que ver El Niño con este calor?

Durante 2026 también se desarrolló un episodio de El Niño en el Pacífico tropical.

Copernicus señaló que las temperaturas de la superficie del mar alcanzaron valores récord y que las condiciones de El Niño se estaban intensificando. Las previsiones apuntaban a que el fenómeno podía fortalecerse durante los meses siguientes.

Sin embargo, es importante no simplificar la explicación.

El calentamiento global provocado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero está elevando la temperatura de base del planeta, mientras que fenómenos naturales como El Niño pueden modificar temporalmente esa situación y contribuir a temperaturas globales especialmente altas.

Además, cada ola de calor concreta depende de patrones atmosféricos regionales. En Europa occidental, por ejemplo, Copernicus identificó condiciones persistentes de altas presiones que favorecieron períodos prolongados de tiempo cálido y seco.

Investigaciones publicadas durante 2026 también encontraron que el cambio climático antropogénico ha aumentado la probabilidad y la intensidad de episodios de mortalidad asociada al calor en Europa.

El costo humano de las olas de calor

Las temperaturas extremas también tienen un impacto sanitario.

Los sistemas europeos de vigilancia registraron un fuerte aumento de la mortalidad durante los episodios de calor. A mediados de agosto, estimaciones provisionales de EuroMOMO indicaban más de 32.000 muertes en exceso durante el período comprendido entre mediados de julio y mediados de agosto.

Otras recopilaciones provisionales de datos nacionales llevaron el número por encima de las 30.000 muertes en distintos países europeos, aunque las cifras no son directamente comparables entre sí porque utilizan períodos y metodologías diferentes.

España, por ejemplo, registraba a fines de agosto 5.232 muertes atribuibles a las altas temperaturas durante 2026, según estimaciones del sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III. La cifra era provisional y correspondía al período desde el 15 de mayo.

Es importante aclarar que estas estimaciones no significan que en todos esos casos el calor aparezca como causa directa en el certificado de defunción. Los modelos calculan la mortalidad atribuible a las temperaturas comparando las condiciones observadas con la mortalidad esperada.

Un verano que también deja una advertencia para los viajeros

Europa continúa siendo uno de los grandes destinos turísticos del mundo. París, Roma, Barcelona, Madrid, Atenas, las costas del Mediterráneo y los grandes parques naturales reciben millones de visitantes cada año.

Pero el verano de 2026 vuelve a mostrar que el clima puede convertirse en un factor central a la hora de planificar un viaje.

Elegir horarios de visita, consultar alertas meteorológicas, mantener una adecuada hidratación, evitar las horas de mayor temperatura y revisar las condiciones de senderos o áreas naturales puede ser cada vez más importante.

Y en destinos donde el calor se combina con sequía, incendios o restricciones de agua, también puede ser necesario modificar itinerarios.

El desafío para Europa no es solamente adaptarse a un verano excepcional.

Es prepararse para un escenario en el que los episodios de calor extremo puedan aparecer con mayor frecuencia, duración e intensidad.

Porque lo que ocurrió durante 2026 no fue un único récord aislado: fue una sucesión de señales que atravesaron el clima, la salud, los ecosistemas y también la manera en que millones de personas viven y viajan.

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