Hay viajes que se disfrutan por los paisajes y otros que quedan para siempre por la emoción que generan. Este fue uno de esos. Junto al equipo de Fundación Temaikèn viajé durante 11 horas en camioneta hasta la provincia de Corrientes para ser testigo de un hecho tan esperado como necesario: la reintroducción de dos ejemplares de aguará guazú que, hace menos de un año, habían quedado huérfanos y luchaban por sobrevivir.
La historia comenzó en septiembre del año pasado, cuando estos dos cachorros fueron encontrados solos luego de que su madre muriera. Eran demasiado pequeños para valerse por sí mismos y su futuro era incierto. Fue entonces cuando comenzó un enorme trabajo de rescate y rehabilitación.
Los animales fueron trasladados a Fundación Temaikèn, donde un equipo de veterinarios, biólogos y cuidadores trabajó durante meses para brindarles los cuidados necesarios, procurando siempre reducir al máximo el contacto con las personas para que pudieran conservar sus comportamientos naturales y tener la posibilidad de volver algún día a la vida silvestre.
Ese día finalmente llegó.
Un viaje de 11 horas hacia la libertad
El traslado hasta Corrientes demandó más de 11 horas por ruta. Los dos aguará guazú viajaron en cajas especialmente diseñadas para garantizar su seguridad y minimizar el estrés durante el recorrido.
El silencio dentro del vehículo dejaba en claro que todos sabíamos que estábamos participando de un momento muy especial. Después de meses de preparación, cada detalle era fundamental para que la liberación fuera un éxito.
Apenas llegamos al sitio elegido, en pleno hábitat natural de la especie, el equipo abrió las cajas y los dos ejemplares comenzaron una nueva etapa de sus vidas: la libertad.
Verlos dar sus primeros pasos fuera de las cajas fue uno de esos momentos difíciles de explicar con palabras. Después de tantos meses de trabajo, los hermanos volvían al lugar donde siempre debieron estar.
Un seguimiento que será clave para la conservación
La historia no termina con la liberación. Ambos ejemplares fueron equipados con collares satelitales que permitirán monitorearlos durante, al menos, los próximos dos años.
Gracias a esta tecnología, los especialistas podrán conocer sus desplazamientos, saber cómo utilizan el ambiente, verificar si logran alimentarse correctamente, detectar posibles riesgos y evaluar su adaptación al ecosistema.
Pero además, este seguimiento representa una oportunidad única para ampliar el conocimiento sobre una de las especies más enigmáticas de la fauna argentina.
Del aguará guazú todavía se sabe muy poco en estado silvestre. Cada dato obtenido permitirá comprender mejor sus hábitos, su comportamiento, el tamaño de sus territorios y las amenazas que enfrenta, información fundamental para diseñar futuras estrategias de conservación.
Las primeras noticias fueron muy alentadoras: pocas horas después de la liberación, el monitoreo satelital confirmó que ambos hermanos se reencontraron y continuaban desplazándose juntos por el ambiente natural.

El aguará guazú, un gigante tímido del litoral
El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) es el cánido más grande de Sudamérica y una especie emblemática de los pastizales y humedales del noreste argentino. A pesar de su aspecto, no representa un peligro para las personas y basa gran parte de su alimentación en frutos, pequeños vertebrados e insectos.
La pérdida de hábitat, los atropellamientos en rutas y la persecución por desconocimiento son algunas de las principales amenazas que enfrenta.
Por eso, cada rescate exitoso y cada reintroducción representan mucho más que la liberación de un animal: significan una nueva oportunidad para fortalecer las poblaciones silvestres y seguir aprendiendo sobre una especie que aún guarda muchos secretos.
Haber acompañado este proceso fue un verdadero privilegio. Porque detrás de esos pocos minutos que dura una liberación hay meses de trabajo silencioso, dedicación y compromiso de decenas de personas que tienen un mismo objetivo: devolverle la naturaleza a quienes pertenecen a ella.


