
Viajar es uno de los grandes placeres, por lo menos para mí, que existen en la vida. Descubrir lugares, conocer nuevas personas y sorprenderte con los paisajes que el país y el mundo te van presentando, es una de las actividades más encantadoras que tiene el ser humano, pero no siempre se hace de la manera correcta.
Hoy se habla mucho del turismo responsable y cada vez son más los turistas que coinciden con esta manera de viajar. Siempre está el que «desconoce alguna norma» o ignora costumbres de ciertos lugares o no cuida la naturaleza. Por eso paso a contarte de qué se trata esta tendencia que por suerte, llegó para quedarse.
Este enfoque busca minimizar los impactos negativos y maximizar los positivos del medio ambiente. Llegar a la cima de una montaña con tus residuos y retirar con ellos, es clave para no aportar a la contaminación del ecosistema. Lo mismo ocurre con los animales que viven en su hábitat y que merecen respeto. Ni hablar de evitar hacer fuego en lugares prohibidos o dañar la flora que el paisaje nos pone ante nuestros ojos.
Cuando hablamos de turismo de naturaleza también hacemos referencia a los pueblos, su cultura y tradición, su economía local. Entender que uno visita un lugar donde viven personas, muchas de ellas nativas, es fundamental para respetar ese patrimonio cultural. Comprar sus productos, utilizar sus servicios, favorece a la sostenibilidad de ese destino.
El transporte es uno de los desafíos más grandes que existen en el turismo responsable. Sabemos que la mayoría de los turistas llegan en colectivos, aviones, barcos o su propio vehiculo. Pero una vez instalados en el lugar, utilizar bicicleta o salir a caminar sin necesidad de sacar tu auto, ya es otro aporte.
Contanos, ¿te imaginás otra medida responsable?

